La ciudad en declive
- simish45
- 2 mar 2016
- 4 Min. de lectura
Para nuestro proyecto de ciudad Artificio y en específico de espacios cambiantes, viviendas cambiantes basamos nuestra propuesta en que cada vez mas las ciudades modernas estan en crisis y las personas están dejando de creer que vivir en la ciudad es una buena opción. Compartimos parte de este Articulo:
La ciudad en declive: expresión de la crisis de lo urbano
Autor(es): Gallegos Ramirez, Mónica.
Gallegos Ramirez, Mónica.. Profesora-Investigadora del Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad de Guadalajara, México.
Resumen
Las ciudades, que en otro tiempo fueron consideradas la expresión “más perfecta” de los beneficios del desarrollo económico capitalista, son hoy, sin lugar a dudas, la manifestación más acabada y brutal de la crisis profunda y casi insoportable que vive este sistema. Las que en otro tiempo fueron promesa de progreso individual y social, manifestación clara de la modernización, entendida no sólo como incorporación de los avances tecnológicos en la industria, los servicios y otras áreas de la actividad humana, sino también como realización de un futuro anunciado. Las que eran consideradas muestra fehaciente del desarrollo civilizatorio; utopía materializada a golpe de reorganización del espacio-tiempo de la vida toda, en aras de la maximización de la productividad, de hacer más eficientes la producción, distribución, circulación y consumo de los productos y servicios, nacionales y extranjeros; el lugar por excelencia de la mercantilización plena, dinámica, expansiva, pujante. Las que fueron núcleo de concentración de unas supuestas y reales oportunidades de ascenso social a través del empleo “seguro” y bien remunerado, de la escuela “accesible” y cuasi gratuita, del acceso a los servicios de salud, recreación, cultura, además de otros servicios urbanos que en conjunto mejoraron los niveles de vida de la gente, ampliando su posibilidad de obtener bienes que no llegaban a las zonas rurales y de satisfacer una amplia gama de necesidades (reales o creadas). Las ciudades sufren hoy un deterioro constante y su continuo declive nos expresa lo que parece la crisis irrevocable de lo urbano… Frente a todos estos procesos nos preguntamos: ¿qué alternativas se pueden generar con otro tipo de dinámicas sociales urbanas?
A manera de conclusión
Sin haber cumplido siquiera medianamente ninguna de sus promesas de antaño, imaginadas o reales, las ciudades llegaron a un punto insostenible: deterioradas en su imagen por la polución, el caos vial, la invasión de publicidad, el desorden en la planeación, la falta de mantenimiento y de generación de nuevas infraestructuras y servicios; por el deficiente y cada vez más privatizado acceso a los servicios más elementales; por la segregación, fragmentación, limitación o eliminación, según el criterio de unos cuantos, del intercambio y la convivencia sociales; por la ruptura de sus espacios y dinámicas comunitarias; marcadas por el despojo y la especulación del suelo urbano, concentrado abusivamente en manos de grandes inmobiliarias y constructoras; por los cambios en los usos del suelo para privilegiar los desarrollos habitacionales de lujo, o los desarrollos comerciales y de servicios para canalizar un nuevo tipo de turismo; por el desplazamiento creciente de poblaciones de los barrios y colonias céntricas y tradicionales hacia los suburbios, las zonas marginales semi-urbanizadas, hacia los cotos cerrados y hacia las más o menos cercanas ciudades dormitorio; por la sobreexplotación y contaminación de sus recursos acuíferos y por la destrucción de los bosques que las alimentan de oxígeno y recargan los mantos freáticos; etcétera.
Si las ciudades, entonces, parecen sentenciadas a desaparecer por el desdibujamiento y la ruptura de sus dinámicas colectivas solidarias, comunitarias; y en ellas ahora impera la fragmentación, el aislamiento, la desconfianza, la inseguridad, la violencia, la criminalidad de todos los días; el desbordamiento de la capacidad estatal para atender las necesidades colectivas; los cambios en el uso y distribución del suelo y de los espacio públicos; etcétera. Pero ¿hay salidas?
Ante este panorama desolador, la puesta en marcha de nuevas formas de construcción de lo urbano abre horizontes de posibilidad que abonan a la discusión de alternativas civilizatorias que no suponen la autodestrucción social. Lo que, al mismo tiempo, exige dar respuesta colectiva a preguntas como las siguientes: ¿Es posible generar nuevos sentidos en la construcción de lo urbano?; ¿es posible frenar la dinámica del crecimiento y del cambio tecnológico, características de los procesos productivos, distributivos y de consumo concentrados en las ciudades?; ¿es posible plantear otras formas de satisfacer las necesidades colectivas elementales, garantizando la reproducción de la vida no solo en las ciudades, sino también en el campo (cuya dinámica se ha visto brutalmente alterada por las exigencias de las ciudades)?; ¿es posible gestionar autónomamente los recursos, autoproducirlos y autoadministrarlos, de forma más equitativa, sin que para ello haya que destruir el equilibrio y ni las posibilidades de autoreproducción ambiental?; ¿es posible organizar una movilidad alternativa, a partir de romper las exigencias eficientistas de la maximización productiva en el menor tiempo posible en todas las esferas de la vida individual y colectiva?; ¿es posible resignificar el espacio público y volverlo a usar colectivamente para beneficio de la comunidad y de las personas que la conforman?; ¿es posible generar una dinámica que disminuya la concentración de personas, de viviendas, de actividades productivas y de servicios, de posibilidades de consumo y, por tanto, de desechos, etcétera, en las ciudades y que, al mismo tiempo, proponga una nueva relación entre lo rural y lo urbano?
A partir de las experiencias y prácticas a las que se hizo referencia y que se están realizando en muchas ciudades de México, América Latina y el mundo entero, podríamos decir, sin caer en un optimismo sin fundamento ni ser ingenuas, que resulta urgente e inevitable realizar una profunda reflexión colectiva respecto de los límites insalvables que representa el desarrollo urbano tal como se ha dado hasta ahora, y que es inminente que repensemos la posibilidad de vivir juntos de otras maneras, bajo otras premisas, bajo otras condiciones.



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